sábado, 17 de enero de 2015

LOS ROPAJES.

(KAHLIL GIBRAN)
Cierto día, la Hermosura y la Fealdad se juntaron en la orilla del mar. Y decidieron una y otra: “Vamos a remojarnos en el mar”.
Después, se despojaron de sus ropajes y se sumergieron en las aguas del mar.
Y, después de un rato, la Fealdad salió hacia la playa, se colocó los ropajes de la Hermosura, y continuó su itinerario.
Y la hermosura, igualmente, salió del mar y, al no hallar su ropaje y, siendo muy tímida para caminar desnuda, se colocó el ropaje de la Fealdad. Y la Hermosura, igualmente, continuó su itinerario.
Y, desde aquel momento, los seres humanos las confunden y mezclan la una con la otra.
A pesar de lo cual, hay personas que han contemplado la cara de la Hermosura, y que la reconocen sin importar los ropajes que lleva puestos. Y hay otras que reconocen la cara de la Fealdad, sin que el tejido se la esconda a sus ojos. 

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